martes, 23 de julio de 2013

Taramundi Molino de Mazonovo el Museo del Agua


Molino de Mazonovo, el museo del agua 

Nos encontramos entre una vegetación muy densa con castaños, robles y abedules y con el suave murmullo de los riachuelos que discurren por esta comarca. Hemos llegado a la Asturias más profunda, dónde el agua es el principal motor de subsistencia de los Oscos. Estamos en el Museo de Mazonovo en Taramundi.




Este edificio de piedra que se halla totalmente integrado en el entorno nos va a trasladar a épocas primitivas donde los habitantes de la comarca aprovechaban la fuerza del agua como medio de subsistencia.
En Taramundi, el agua resulta silenciosa, tranquila y susurrante unas veces y otras se torna rebelde y nerviosa. En esta región aislada, tanto este líquido tan preciado, cómo las casas de piedra con techos de pizarras, cómo sus gentes curtidas y amables, son sus protagonistas indiscutibles.
Accedemos al Museo de Mazonovo desde el bonito pueblo de Taramundi a través de un camino hormigonado que nos lleva hasta lo más profundo del valle entre campos de nogales y manzanos. Después de una curva, vamos a entrar en un rincón inolvidable, Mazonovo.
Os puedo contar que este museo no es como los demás. Aquí, si que podemos tocar, ver y escuchar. En él no existe un tiempo limitado. Podremos volver a moler el grano si nos apetece o accionaremos el molino hidráulico las veces que nos haga falta para entender su mecanismo. O saldremos al exterior para disfrutar de la grandiosidad del entorno.




Este museo abrió sus puertas al público en el año 1998. Sin embargo, vamos a visitar un molino de verdad del siglo XVIII que supo aprovechar el cauce del rio Cabreira.
Cómo se quedó pequeño debido a la gran demanda de molienda y de producción eléctrica hubo que construir otro en la parte opuesta de la orilla. Para trasportar el agua del uno al otro se creó un acueducto que los une. 
Mazonovo es un museo muy especial. No solamente miramos, si no que podemos experimentar las formas de antaño en la molienda del grano. Podemos escuchar el seco golpeteo del martillo de la fragua que se mueve al compás que el agua le impone.




En Mazonovo podemos ver como se trabajaba el hierro durante los siglos XVIII y XIX. Una actividad que fue vital para la subsistencia de esta región tan apartada.
¿Entramos? Después de ver un audiovisual comienza nuestra diversión. Te aconsejo qué, si tienes niños y piensas visitar esta zona, no olvides de traerlos aquí. Aunque saldrán manchados de polvo en la ropa, cara y manitas, sus ojos de satisfacción y la sonrisa en sus labios te lo dirá todo. Es algo que no van a poder disfrutar si viven en las grandes ciudades.
Comenzamos nuestra visita con multitud de cuencos diferentes creados por el hombre desde 7.000 años antes de Cristo.





La necesidad de moler el grano para convertirlo en harina, poder amasarlo y luego hornearlo, provocó la exigencia de ir creando diferentes sistemas de molienda. Desde dos simples piedras para machacar el grano, pasaremos al sistema que inventaron los romanos para ir evacuando lo molido del cuenco y aumentar la potencia a partir de una piedra que giraba sobre otra.
Experimentamos con molinos que giran o que funcionan de derecha a izquierda.
Según iba creciendo la demanda, el problema se fue agravando al tener que realizar la molienda de grandes cantidades de grano. Fue entonces, cuando se crearon los molinos de tracción (los movidos por animales) y los que aprovechaban la fuerza del agua.




Antes de salir también podremos accionar las veces que queramos un molino hidráulico. Uno con rueda en vertical y otro en horizontal.




A modo de curiosidad, te puedo contar que los campesinos llevaban su cosecha de grano al molinero. Ellos debían pagarle con dinero pero, cómo la mayoría carecía de él, entonces le daban un tercio de la molienda en concepto de pago. A esto se le llamaba “maquila”.
Cuando salimos de este primer edificio de Mazonovo, entramos en otra dimensión. Un museo al aire libre, en plena naturaleza salvaje con el agua y la vegetación cómo protagonistas. 





Mientras damos un paseo por el canal podemos ver un molino brasileño y otro chino donde se trituraba la pólvora. 
Además de poder fotografiar una pequeña cascada artificial podemos sentarnos a observar el pequeño estanque rodeado de una densa vegetación. 




Cruzamos a la otra parte del río. Aquí vamos a visitar la central hidroeléctrica que suministró corriente a Taramundi hasta los años 80.




De los tres molinos de origen que hay en el edificio, uno de ellos está desmontado para que podamos ver todas las piezas qué lo componen y entendamos mejor su funcionamiento. Seguro que te resulta curioso ver como lograron separar la harina de la cáscara.




En este edificio también hay algunos paneles informativos sobre herramientas utilizadas durante todos estos siglos. 
Después de esta didáctica visita que nos puede haber llevado todo el tiempo que hayamos necesitado, volvemos sobre nuestros pasos realizando una última mirada al entorno tan espectacular que forma todo Mazonovo. 





Saldremos al exterior del recinto con la sensación de haber vivido una de esas experiencias que no se olvidan jamás. Por lo menos, para mí lo fue. 





1 comentario:

  1. Hola, os dejo el enlace a la web del museo:

    http://www.mazonovo.es/

    Un saludo

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